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Recensión bibliográfica
Estany A, Puyol A, editores. Filosofía de la epidemiología social. Madrid-Méjico: CSIC - Plaza y Valdés; 2016. 269 p. ISBN: 978-84-16032-92-1
Mireia Bolíbar
Grup de Recerca en Desigualtats en Salut - Employment Conditions Knowledge Network (GREDS-EMCONET), Departament de Ciències Polítiques i Socials, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, España; Johns Hopkins University - Universitat Pompeu Fabra, Public Policy Center, Barcelona, España

La evolución histórica de la ciencia epidemiológica ha dado un giro copernicano en la última década al haber mayor evidencia del impacto de los factores sociales en la salud pública y la desigualdad. Ello ha impulsado la epidemiología social, la rama del conocimiento que pone énfasis en los determinantes sociales sobre la salud y la enfermedad colectiva, y en las desigualdades en salud entre grupos sociales. En este contexto, los editores han impulsado un libro original y riguroso que contribuye a la solidificación de este campo de estudio mediante la reflexión teórica sobre las implicaciones de dicho giro social en la epidemiología. El libro es un alegato contra la parcelación del saber científico y humanístico, y contribuye a avanzar en la integración interdisciplinaria arrojando luz sobre los intersticios entre lo teórico y lo práctico, lo científico y lo filosófico.

El libro contiene cuatro tipos de artículos: los primeros presentan el planteamiento de la epidemiología social y los cambios analíticos que supone respecto a la epidemiología basada en la evaluación de factores de riesgo. Andreu Segura presenta la historia de los debates y el desarrollo de ideas que fundamentan el campo de la epidemiología social. Miquel Porta señala la utilidad y la relevancia práctica del conocimiento que genera como la razón de ser de la disciplina, más allá de etiquetas irrelevantes. Anna Estany reflexiona sobre la especificidad de la epidemiología social, especialmente su planteamiento complejo sobre causalidad y desigualdad, y propone considerarla en el marco de una aproximación epidemiológica interdisciplinaria.

El segundo conjunto de artículos profundiza en los retos epistemológicos planteados por la epidemiología social. En primer lugar, David Casacuberta señala el potencial del big data y defiende que los registros sobre el uso de dispositivos digitales ofrecen «un feedback implícito –y por tanto fiable– del comportamiento de las personas y sus historiales médicos» (p. 91), que puede ayudar a superar los límites cognitivos y transformar los métodos de investigación en epidemiología. Sin embargo, el uso de big data, además de problemas éticos, también conlleva problemas epistemológicos, como la distinción entre causa y correlación. Jordi Vallverdú aborda precisamente esta cuestión y explica el desarrollo del tratamiento de la causalidad en la epidemiología hasta la conformación del paradigma de la telaraña epidemiológica, basado en sistemas complejos multinivel. El autor defiende que, con la inclusión de factores sociales, la disciplina ha supuesto pasar a trabajar con «modelos masivos, complejos y aparentemente próximos a ambientes caóticos» (p. 115). Seguidamente, Francesc Borrell-Carrió y Anna Estany describen el proceso de construcción y refutación de nuevas enfermedades por parte de las élites expertas para mostrar la tensión dialéctica entre esencialismo y pragmatismo en la construcción de las taxonomías clínicas actuales.

Àngel Puyol abre el conjunto de artículos que tratan los aspectos éticos de la disciplina. El autor apunta las nuevas preguntas y dilemas éticos que surgen en salud pública cuando la intervención se deriva de los conocimientos promovidos por la epidemiología social, y aboga por planteamientos republicanos sobre la salud pública que orienten las respuestas a dichos problemas éticos. El capítulo de Andreu Ballús y Éric Arnau identifica los puntos de contacto entre la ética y la epidemiologia social. Ante esta imbricación entre lo ideológico y lo científico, Ballús y Arnau proponen una serie de principios que regulen su relación, mientras que Oriol Farrés profundiza en este aspecto como fundamento para el desarrollo de las políticas sanitarias y la gestión ciudadana de los recursos sanitarios.

Los últimos tres capítulos son una miscelánea de reflexiones. El capítulo de Anna Quintanas desarrolla una mirada biopolítica sobre la epidemiología social, reclamando el reconocimiento de la vigencia de las premisas de Foucault sobre la permeabilidad de las relaciones de poder en el saber, los discursos y las prácticas de la medicina. El capítulo de Núria Estrach y Jordi Vallverdú reflexiona sobre el papel de lo mental en la epidemiología social. Finalmente, Daniel Gamper describe los encuentros entre la epidemiología y la ley, explicando las polémicas en el uso del conocimiento epidemiológico tanto en lo que se refiere a la implementación de legislación en políticas de salud pública como en los juicios de responsabilidad civil.

Queda abierto el reto para la comunidad científica de cómo traducir a la práctica los planteamientos epistemológicos y éticos que se formulan en el libro. Desafortunadamente, la obra centra su reflexión en especial en la epidemiología social más cercana a la aproximación anglosajona dominante, en detrimento de otras corrientes más críticas, como por ejemplo la de la tradición latinoamericana. Sin embargo, el libro abre debates necesarios, reformula preguntas y hace propuestas relevantes para la creación y la aplicación de conocimiento científico en esta área, interesantes para un amplio público, que incluye académicos especialistas, profesionales, técnicos y estudiantes.

Contribuciones de autoría

M. Bolíbar es la única autora de la recensión.

Financiación

Programa Estatal de Investigación, Desarrollo e Innovación orientada a los Retos de la Sociedad del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (proyecto PRESSED, n° CSO2017-89719-R). La autora también es beneficiaria del programa Juan de la Cierva – Formación.

Conflicto de intereses

Ninguno.

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